Remesas, inclusión financiera y la promesa de ISO 20022
Hace algunos años, mientras trabajaba en el ámbito de la cooperación internacional, recibí una notificación inesperada de mi banco. Mi cuenta iba a ser cerrada. No había infringido ninguna norma ni se me acusaba de conducta indebida. El problema era una forma de culpa por asociación dentro del sistema, derivada de mi vínculo profesional con actividades financiadas por el gobierno de Estados Unidos. El banco concluyó que mantener la relación se había vuelto demasiado complejo y representaba riesgos adicionales de cumplimiento normativo.
La experiencia me dejó una reflexión difícil de ignorar: las regulaciones financieras rara vez afectan únicamente a las personas a las que están dirigidas. Hace poco recordé aquella situación al leer sobre ISO 20022, el nuevo estándar global de mensajería financiera que poco a poco se está convirtiendo en la columna vertebral de los pagos internacionales.
La mayoría de las personas nunca escuchará hablar de ISO 20022. Se trata de un estándar técnico utilizado por bancos y sistemas de pago para intercambiar información de forma más eficiente y con mucho mayor nivel de detalle. Permite incorporar datos estructurados sobre remitentes, destinatarios y el propósito de las transacciones, facilitando procesos automatizados de verificación y análisis. Sus defensores destacan beneficios reales: pagos más rápidos, menos errores, una mejor detección del fraude y un cumplimiento normativo más eficaz.
Esos son los objetivos declarados. Sin embargo, la historia sugiere que cuando los gobiernos y las instituciones financieras buscan una mayor visibilidad sobre los flujos de dinero, las consecuencias no siempre se limitan a delincuentes, lavadores de dinero o terroristas. Pero el tema central no es la actualización tecnológica en sí misma, sino los valores sobre los cuales se construye. ISO 20022 continúa una tendencia de larga data en el diseño financiero: priorizar objetivos institucionales como la seguridad, el cumplimiento normativo y la estandarización de datos. En ese proceso, las experiencias de los usuarios comunes pueden convertirse fácilmente en una consideración secundaria.
Para México, donde millones de familias dependen de las remesas enviadas desde el extranjero, esto plantea una pregunta importante: ¿han aprendido los responsables de las políticas públicas y las instituciones financieras las lecciones que dejaron los intentos anteriores de incrementar el control sobre los flujos financieros internacionales?
Las raíces del control financiero moderno
Tras 2001, los gobiernos ampliaron significativamente los marcos regulatorios contra el lavado de dinero y el financiamiento al terrorismo. El objetivo era fortalecer la capacidad para detectar actividades ilícitas y supervisar mejor los flujos financieros.
El resultado fue una mayor visibilidad sobre los flujos financieros, pero también surgieron consecuencias no previstas. Muchas instituciones financieras concluyeron que ciertos clientes, sectores económicos y regiones representaban riesgos regulatorios demasiado elevados. En lugar de gestionar esos riesgos, optaron por terminar relaciones comerciales y retirarse de mercados vulnerables, un fenómeno que llegó a conocerse como de-risking o reducción de riesgos.
Las consecuencias fueron mucho más amplias que los objetivos originales de la regulación. Clientes comunes experimentaron cierres de cuentas, mayores requisitos de documentación y restricciones en el acceso a servicios financieros, mientras los bancos buscaban reducir su exposición a riesgos de cumplimiento normativo.
La lección no fue que las regulaciones contra el lavado de dinero fueran equivocadas. La lección fue que las medidas diseñadas para mejorar la supervisión podían terminar creando barreras para las mismas personas que más dependían del acceso a los servicios financieros. Con el tiempo, incluso organismos reguladores internacionales reconocieron que un exceso de de-risking podía debilitar la inclusión financiera y empujar la actividad económica hacia canales menos transparentes.
Una cuestión de carga
El desafío es que los sistemas modernos de cumplimiento normativo suelen diseñarse sobre supuestos que resultan mucho más fáciles de satisfacer para grandes instituciones y actores con recursos que para personas comunes. Una de las lecciones recurrentes de la regulación financiera es que la carga del cumplimiento y la capacidad para cumplir no son la misma cosa.
Las organizaciones con más recursos suelen adaptarse con relativa facilidad a nuevos requisitos de reporte, estándares documentales y expectativas regulatorias. Cuentan con la experiencia, el personal y la infraestructura necesarios para hacerlo.
Las personas y los pequeños negocios rara vez cuentan con esos recursos. Como resultado, la carga práctica del cumplimiento suele recaer con mayor fuerza sobre quienes tienen menos capacidad para absorberla. Esto sugiere que muchas de las desigualdades del sistema no surgen de reglas diferentes, sino de la capacidad desigual de las personas para cumplirlas.
¿Por qué importa esto para México?
México recibe más remesas que casi cualquier otro país del mundo. Tan solo en 2023 ingresaron más de sesenta mil millones de dólares, gran parte de ellos a través de corredores que conectan comunidades mexicanas en California, Texas e Illinois con familias en Michoacán, Jalisco, Guerrero y Oaxaca.
Para millones de hogares, las remesas no son un ingreso complementario. Son el dinero que permite pagar la renta, mantener a los hijos en la escuela o afrontar emergencias médicas.
Escribo sobre este tema desde cierta distancia. El cierre de mi cuenta bancaria fue una molestia profesional, no una crisis económica. Pero me permitió entender, aunque fuera parcialmente, lo que significa quedar atrapado en sistemas diseñados sin tomar en cuenta a quienes dependen de ellos. Para los millones de familias que viven de las remesas, la distancia entre quienes diseñan los sistemas financieros y quienes dependen de ellos no es una simple incomodidad. Es una característica estructural del sistema.
Por eso las discusiones sobre modernización financiera no pueden limitarse a mejoras técnicas y beneficios institucionales. Estos sistemas existen porque las instituciones políticas y financieras decidieron construirlos de esta manera. Y esas decisiones podrían tomarse de otra forma.
Mirando hacia adelante
ISO 20022 ya se está integrando silenciosamente en las redes bancarias internacionales. Para la mayoría de las personas, este cambio técnico será completamente invisible. Sin embargo, fortalece una tendencia ya existente hacia sistemas de cumplimiento normativo y gestión de riesgos cada vez más dependientes de los datos.
Aunque el impacto es especialmente relevante para las remesas internacionales, la adopción de ISO 20022 forma parte de una transformación más amplia de la infraestructura financiera que también alcanzará cada vez más a los pagos nacionales.
Al exigir información altamente estructurada en un mundo que con frecuencia es informal y no encaja perfectamente en categorías predefinidas, introduce obstáculos silenciosos que a menudo pasan desapercibidos. La implementación de este estándar nos recuerda que, a medida que la infraestructura financiera se vuelve más automatizada, las personas con mayor riesgo de quedar excluidas siguen sin tener voz en la manera en que se diseñan esos filtros.
A medida que toma forma la próxima generación de infraestructura financiera, México tiene razones particulares para prestar atención. Los corredores de remesas que conectan a las familias mexicanas a través de las fronteras representan uno de los flujos de dinero más importantes y significativos del mundo. Las decisiones que hoy se tomen sobre cumplimiento normativo, gestión de riesgos y datos financieros determinarán quién podrá participar en esos sistemas mañana.
El desafío no consiste en decidir si los sistemas financieros deben ser seguros, transparentes y resistentes al abuso. Deben serlo. La verdadera pregunta es si esos objetivos pueden alcanzarse sin crear nuevas barreras para las personas que más dependen de ellos.
Los sistemas financieros que recopilan datos de manera eficiente pero excluyen personas con la misma eficacia no son infraestructura neutral. Son una elección.
Transparencia en el uso de la IA: El autor definió todos los conceptos clave, la dirección y los parámetros de este trabajo. Se utilizaron herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT, Claude y Gemini en la investigación, redacción, edición y traducción de este artículo. Todo el contenido fue revisado, verificado y editado minuciosamente por el autor, quien mantuvo el control editorial y la toma de decisiones finales en todo momento.


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